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Cómo
ha cambiado: esto ya no es igual (2)
Y tras descubrir todas las novedades,
aunque nunca se conoce todo, la relación es menos emocionante,
se pasa de descubrir a constatar y comprobar. La magia da paso al
día a día, y si no se aporta nada nuevo se cae en
la rutina y el aburrimiento.
Además, para no estancar
la relación, las decisiones deben hacerse cada vez más
importantes. Y se suelen referir a la vida en común y el
futuro. Al exigir determinaciones, como comentábamos antes,
la parte que más cede se ve desilusionada respecto a sus
expectativas.
Y se llega a un momento en el que
se añoran los momentos iniciales, llenos de pasión
y amor, en el que no cabían los conflictos y todo era nuevo.
Lo nuevo pasó a repetido,
la pasión y el deseo ya no alcanzan el mismo grado, y se
tiende a reivindicar parte de la libertad perdida. Por
ello hay tres factores para no acabar rompiendo una relación
de tiempo.
El primero
es acabar con la rutina. Lo peor para una pareja es hacer siempre
lo mismo, sin aportar novedades a la relación. Sirve desde
nuevos sitios, nuevos amigos, nuevas distracciones, hasta nuevas
conversaciones. Todo vale y la imaginación es un arma sustancial
para matar la odiosa rutina.
El segundo
es la comunicación constante. Es preciso compartir lo que
incomoda. aquello que decepciona o que no cumple las expectativas
de felicidad, o al menos de bienestar con el otro. Lo peor que se
puede hacer es acumular todo los hechos negativos y arrojarlos como
navajas en una discusión acalorada. Eso es una receta para
acabar mal.
Y el tercer
factor, no menos importante cuando se trata de una relación
ya semimadura o madura, es dar libertad, espacio y lugar a la intimidad.
Es necesario para no saturarse el uno del otro, y para guardar la
identidad del propio yo de ambos.
Ya sólo
falta el buen humor y el respeto, y el amor habrá cambiado
de etapa, pero seguirá muy arriba.
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